CAPITULO 1
La mañana había amanecido calurosa, pero aquello no había
parecido desanimar a
los postores. El subastador, de pie en el elegante porche
de la enorme mansión blanca,
dirigía la sesión en un tono monocorde, pero de vez en
cuando tenía que echar mano de
su pañuelo para secarse el sudor del rostro y la nuca.
Tom Kaulitz observaba la subasta con los ojos negros
entornados. No tenía
intención de comprar, no aquel día, pero sí tenía un
interés personal en la subasta. Era
el hogar de los Jacobs lo que se estaba subastando, con
absolutamente todo lo que
había en él. Debería sentir cierta satisfacción al ver
cómo se desperdigaban las
posesiones de Bass Jacobs, pero, extrañamente, no era
así. De hecho lo hacía sentirse
bastante incómodo, era como ver a un grupo de buitres
despedazando a una víctima
indefensa hasta los huesos.
Buscó con la mirada entre la muchedumbre, tratando de ver
a ________ Jacobs,
pero no parecía haber acudido. Tal vez ella y su hermano
Tyler estarían dentro de la
mansión, ayudando a la gente de la casa de subastas a
clasificar los muebles y las
antigüedades para su venta.
Alguien se acercó a él por la izquierda, y al girar la
cabeza se encontró con su
cuñada, Abby Kaulitz.
—No esperaba verte aquí —le dijo ella sonriéndole.
Calhoun y él iban a ser sus hermanastros, pero un
accidente de coche dos días
antes de la boda, acabó con la vida del padre de ellos y
la madre de ella. Abby no
tenía más familia, así que se convirtieron en sus tutores
legales y la joven se fue a
vivir con ellos a su rancho de Texas. Solo hacía seis
semanas que Calhoun y ella se
habían casado.
—Nunca me pierdo una subasta —contestó él, volviendo la
cabeza hacia el
subastador—. Por cierto, no he visto a los Jacobs—.
añadió en un tono despreocupado.
—Tyler está en Arizona —contestó Abby. La divirtió verlo
girar la cabeza
sorprendido ante la noticia . — No quería irse sin pelear
por su patrimonio, pero
parece ser que se produjo algún tipo de emergencia en el
rancho en el que está
trabajando.
—¿Ha dejado sola a _______? —exclamó Tom. Pareció que las
palabras habían
escapado involuntariamente de sus labios.
—Me temo que sí —asintió su cuñada reprimiendo a duras
penas una sonrisa
maliciosa—. Está en el apartamento que le ha alquilado su
jefe, Barry Holman, justo
encima del bufete en el que trabaja...
Las facciones de Tom se pusieron rígidas, y dejó
suspendido en el aire el
cigarrillo que estaba fumando.
—¿Holman tiene el valor de llamarlo apartamento? ¡Por
amor de Dios!, ¡si no es
más que un almacén cochambroso!
—Bueno, le ha dado permiso a _______ para arreglarlo un
poco —repuso Abby—.
No tiene otra opción, Tom. Están vendiendo la casa y no
puede permitirse otra cosa
con lo que gana. Es una tragedia. Tyler y ella pensaban
que podrían al menos retener su
hogar, pero las deudas de su padre eran demasiado
cuantiosas.
Tom farfulló algo por lo bajo con la vista fija en la
mansión frente a ellos.
Aquella casa simbolizaba todo lo que había odiado de la
familia Jacobs en los último
seis años, desde que _______ había roto su compromiso y
lo había traicionado.
—¿No estás contento? —lo picó Abby suavemente. —Después
de todo odias a
________. Debería complacerte verla humillada
públicamente.
Pero él no respondió a sus pullas, sino que se dio vuelta
bruscamente y se dirigió
a grandes zancadas al lugar donde tenía aparcado su
Thunderbird negro. Abby sonrió.
Durante todos esos años, Tom había evitado todo contacto
con los Jacobs, hasta el
punto de que no quería ni oír mencionarlo, pero en los
últimos meses la lucha que se
libraba en su interior estaba empezando a exteriorizarse.
Abby estaba segura de que todavía sentía algo por _______,
y que ella también
sentía aún algo por él; y feliz como se sentía en su
matrimonio, quería que el resto
del mundo fuera igualmente feliz, así que pensaba que
quizá empujando un poco a
Tom en la dirección adecuada lograría hacer felices a dos
personas muy
desdichadas.
Tom no se había enterado de la venta de la heredad de los
Jacobs hasta
aquella misma mañana, cuando Calhoun lo había mencionado
en la oficina de la nave de
engorde de ganado que ambos dirigían. Le dijo que había
salido en los periódicos, pero
Tom había estado fuera de la ciudad. No le sorprendía en
absoluto que ________ quisiera mantenerse al margen de la subasta. Había nacido
en aquella casa, y había
vivido allí toda su vida. De hecho, su abuelo había sido
el fundador de la pequeña
ciudad en que vivían y le había dado su nombre:
Jacobsville. Eran una familia
adinerada, y los andrajosos hermanos Kaulitz del
destartalado rancho a unos
kilómetros de la mansión, no eran la clase de amigos que
la señora Jacobs quería para
sus hijos, Tyler y _______. Sin embargo, al morir esta,
el trato hacia ellos por parte del
señor Jacobs se volvió repentinamente más amistoso, sobre
todo desde que
establecieran su negocio de la nave de engorde, y cuando
el viejo se enteró de que
_______ pretendía casarse con él, le aseguró que no podía
estar más contento.
Pero después ocurrió algo... Una noche Bass Jacobs y el
joven Gregor Wheelor
habían ido a verlo. Bass Jacobs parecía muy disgustado, y
le dijo a Tom sin
preámbulos que ________ estaba enamorada de Wheelor, y no
solo eso sino también que
habían estado acostándose, que su compromiso con ella no
había sido más que una
farsa. Le aseguró que estaba avergonzado de ella, y que
el compromiso había sido una
estrategia de ________ para cazar al indeciso Wheeler.
Por tanto, habiendo servido a
sus propósitos, _______ ya no lo necesitaba. Con
tristeza, Bass Jacobs le devolvió el
anillo de compromiso, mientras Gregor Wheelor murmuraba
sonrojado sus disculpas. Bass
incluso había derramado unas lágrimas, y tal vez fuera la
vergüenza lo que hizo que le
prometiera a Tom respaldo financiero para su negocio.
Solo había una condición: que
no le dijera nunca a _______ quién le había proporcionado
el dinero. Y acto seguido, se
marcharon.
Tom incapaz de creer a ________ capaz de algo así sin
tener pruebas, corrió a
telefonearla justo cuando su padre arrancaba el coche
para salir de su propiedad. Sin
embargo, ella no negó nada de lo que le habían dicho,
que, por el contrario, se lo
confirmó todo, incluso la parte acerca de haberse
acostado con Wheelor. Le dijo que
solo había querido poner celoso a Gregor, para que le
propusiera matrimonio de una vez.
Añadió también que esperaba que no estuviera muy enfadado
con ella pero claro,
tenía que comprender que ella siempre había tenido todo
lo que había querido, y por
desgracia él no era lo suficientemente rico como para
satisfacer todos sus caprichos,
mientras que GREGOR...
Tom la creyó. Además, al recordar cómo la vez que había
tratado de hacerle el
amor ella lo había rechazado hizo que su confesión sonara
aún más cierta. Después de
aquello, había agarrado una borrachera de campeonato, y
en los seis años siguientes no
había vuelto a mirar a otra mujer. Y no porque no
hubieran surgido posibilidades,
habían surgido varias, pero todas las había desdeñado. No
era un hombre guapo: sus
facciones morenas eran demasiado hoscas, irregulares y
casi nunca se le veía esbozar
una sonrisa. Sin embargo había logrado riqueza y poder, y
aquello atraía a las mujeres.
Pero se sentía demasiado resentido como para aceptar esa
clase de atención. _______
lo había herido como nadie antes lo había hecho, y
durante años lo único que lo
mantuvo vivo fueron las ansias de venganza.
Sin embargo, cuando el momento había llegado, cuando al
fin la veía humillada
como Abby había apuntado, no sentía la menor
satisfacción. Solo podía pensar en que
debía estar destrozada, sin familia ni amigos que la
reconfortaran.
El lugar que su cuñada había llamado «apartamento» no era
más que un pequeño
almacén, y no le hacía gracia pensar que tuviera que
depender de ese modo de Holman.
Conocía la reputación del tipo, y sabía que le gustaban
las mujeres bonitas. Y ________ lo
era, era preciosa: largo cabello negro, figura delicada,
y brillantes ojos de un verde
intenso. Ya no era una adolescente, había cumplido los
veintisiete, pero no parecía
mucho mayor que cuando se comprometieron. Tal vez fuera
porque la rodeaba una
especie de halo de inocencia y pureza que... Tom cerró
los ojos, apretó los dientes y
sacudió la cabeza. Falso, era todo falso, únicamente
apariencias.
Se detuvo frente a la puerta del «apartamento» y levantó
el puño para golpear
con los nudillos, pero le pareció escuchar un ruido
ahogado dentro. No parecían risas...
¿Llanto? Apretó la mandíbula y dio un par de golpes secos
en la puerta. Los sollozos
pararon al instante, y se oyó un chirrido, como de una
silla arrastrándose, y después
pasos, que parecían hacerse eco de los rápidos y fuertes
latidos de su corazón.
La puerta se abrió y apareció _______, con unos vaqueros
descoloridos y una
camisa de cuadros azul. Tenía el largo cabello
desordenado, y los ojos enrojecidos.
—¿Has venido a burlarte de mi desgracia, Tom? — le espetó
con amargura.
—No me produce ningún placer verte hundida — contestó él
alzando la barbilla y
entornando los ojos—. Abby me dijo que estabas sola.
_______ suspiró, bajando la vista a las botas
polvorientas de él.
—Llevo sola mucho tiempo, he aprendido a vivir con ello
—contestó cambiando el
peso de un pie a otro incómoda—. ¿Hay mucha gente en la
subasta?
—El jardín delantero está a rebosar —respondió él. Se
quitó el sombrero y se
pasó una mano por el espeso y oscuro cabello.
_______ alzó la mirada hacia él, y sus ojos se detuvieron
sin poder evitarlo en las
duras líneas del rostro de Tom y en los labios esculpidos
que había besado con tanta
pasión seis años atrás. Había estado perdidamente
enamorada de él, pero la noche en
que se habían comprometido, su ardor la había asustado.
Lo había apartado y aun así el
recuerdo de las deliciosas sensaciones que había
experimentado hasta ese momento,
hasta antes de que el miedo se hiciera tangible, quedó
grabado a fuego en su mente.
Había deseado ir más lejos donde habían llegado, pero
tenía sus razones para temer
aquella intimidad final más que cualquier otra mujer. Sin
embargo, Tom nada sabía
de aquello, y le había dado demasiada vergüenza
explicárselo.
Se hizo a un lado para que pasara.
—Si mi compañía no es demasiado desagradable, tal vez te
apetezca un poco de
té helado.
Tom dudó, pero fue solo un momento.
—Te lo agradecería —murmuró entrando y cerrando despacio
tras de sí—. Aquí
hace un calor infernal.
La siguió, pero se paró en seco al contemplar la clase de
lugar en el que estaba
teniendo que vivir. Se puso rígido y estuvo a punto de
maldecir en voz alta.
Solo había dos habitaciones, en el mal llamado
apartamento, y estaban vacías a
excepción de un viejo sofá, una silla, una mesita de café
y un pequeño televisor. Había
también un armario empotrado, donde debía tener guardada
la ropa, y en la cocina sola
había un modesto refrigerador, y una hornilla. La sola
idea de imaginarla viviendo allí,
cuando estaba acostumbrada a sirvientes, a batas de seda,
a servicios de plata y
muebles antiguos...
— Dios... —murmuró.
Al escuchar el tono de lástima en su voz la espalda de
_______ se tensó, pero no
se dio la vuelta.
—No necesito tu compasión —le dijo con aspereza—. No es
culpa mía ni de Tyler
que hayamos perdido la heredad, sino de nuestro padre.
Además, puedo abrirme
camino en el mundo por mí misma.
— Sí, pero no tendría que ser de este modo, maldita sea
—masculló Tom
arrojando furioso el sombrero sobre la mesita. Le quitó
de las manos la jarra de té
helado, depositándola también con violencia en la mesa y
la agarró por las muñecas—.
No puedo hacerme a un lado y mirar cómo tratas de
sobrevivir en esta ratonera.
¡Barry Holman y su maldita caridad!
_______ se había quedado como en estado de shock, no
tanto por lo que le estaba
diciendo, sino por lo alterado que se había puesto de
repente.
— No es una ratonera —balbució.
—Comparándolo con el estilo de vida al que estás
acostumbrada sí lo es —repuso
él. Dejó escapar un suspiro exasperado—. Puedes quedarte
conmigo hasta que puedas
permitirte algo digno.
—¿Con... contigo? —repitió ella poniéndose roja como una
amapola—, ¿en tu
casa... sola contigo?
—En mi casa —recalcó él alzando la barbilla—, «no» en mi
cama. No tendrás que
pagarme un alquiler, y tengo presente que no te gusta que
te toque.
A _______ le dolió la hiriente mordacidad de sus
palabras, pero no podía mirarlo a
los ojos ni negar aquella última afirmación sin embarazo
para ambos. De todos modos,
ya no importaba, hacía demasiado tiempo de aquello. Así
que, en vez de buscar su
mirada, se quedó mirando su blanca camisa, y la espesa
masa de vello que se adivinaba
a través de la tela. Una vez había tocado esa parte de su
cuerpo, la noche en que se
prometieron. Tom se había desabrochado botón tras botón,
dándole acceso,
permitiendo que lo acariciara como quisiera. Y luego
había empezado a besarla como si
no fuera a haber un mañana, y _______ no puedo evitar
asustarse cuando él trató de ir
más lejos.
Hasta aquella noche, Tom jamás había intentado tocarla de
un modo íntimo, y
se habían limitado a intercambiar breves besos inocentes.
Al principio esa actitud la
había dejado un poco perpleja, y había despertado su
curiosidad, porque estaba segura
de que tenía mucha experiencia en ese terreno. Claro se
había dicho, tal vez el
problema radicaba en la diferencia de estatus entre ambos.
Por aquella época, Tom
apenas sí podía clasificarse dentro de la clase
media mientras que su familia era rica.
Eso a ella no le había importado, pero podía imaginar que
quizás si lo intimidase un
poco, y lo que era peor, esa sensación de inferioridad
seguramente se habría tornado
en odio cuando, ante la insistencia de su padre, se vio
forzada a romper el compromiso.
Sin embargo, se ocupó de ajustarle las cuentas a su padre.
Su padre quería
haberla casado con Gregor Wheelor un hombre frío al que
solo le interesaba la fusión de
sus propiedades, pero Tom se había interpuesto, y por eso
urdieron la mentira de
que ella lo había utilizado, y que lo había utilizado
para atraer a Gregor. Ella había
rechazado repetidamente a Wheelor, y nunca había dejado
que le pusiera un dedo
encima. Le dijo a su padre que nunca se casaría con su
amigo, y aún así el viejo no
capituló hasta su muerte. Solo entonces, tras años de
haber sido testigo de lo
desesperadamente que ella amaba a Justin, de lo
desgraciada que la había hecho, le
rogó su perdón. Lo único que no le dijo era que la
culpabilidad lo había llevado a
impulsar el negocio de Tom.
_______ buscó los oscuros ojos de Tom, perdida en los
recuerdos. Había sido
muy duro seguir adelante sin él. Los sueños de vivir una
vida a su lado, sintiéndose
amada, dando a luz a sus hijos... habían muerto hacía ya
tiempo. Y, aun así, el tacto de
sus grandes manos en sus muñecas estaba haciendo que la
temperatura de su cuerpo
aumentara, que el deseo dormido se despertara
cosquilleante en su interior. Si su
padre no hubiera interferido... No, también era culpa de
ella, había sido incapaz de
explicar sus temores al hombre al que amaba, de pedirle
que tuviera cuidado, que
fuera despacio... Pero ya era demasiado tarde.
—Sé que ya no me quieres, Tom —le dijo suavemente—. Y
comprendo el porqué,
pero, en cualquier caso, no tienes por qué sentirte
responsable de mí. Estaré bien,
puedo cuidar de mí misma.
Tom inspiró despacio, tratando de controlarse, pues la
sedosa textura de su
piel lo estaba volviendo loco. Sin darse cuenta, comenzó
a acariciarle las muñecas con
movimientos circulares.
—Lo sé —respondió—, pero este no es lugar para ti.
—No puedo pagar otra cosa —dijo ella—, pero Barry Holman
me ha prometido
que dentro de dos meses me subirán el sueldo, y tal vez
entonces alquile la habitación
que tomó Abby en casa de la señora Simpson.
—No tienes que esperar —repuso él con aspereza—. Yo te
prestaré el dinero.
—Eso no estaría bien. La gente murmuraría —musitó _______
bajando la vista.
—No tiene por qué enterarse nadie. Quedaría entre tú y
yo.
_______ se mordió el labio, buscando en su interior la
fuerza necesaria para
negarse, pero resultaba difícil cuando, aunque nunca lo
admitiría delante de Tom,
detestaba tener que vivir allí, tan cerca de Barry
Holman, que era un buen jefe, pero
también un donjuán.
En ese momento llamaron a la puerta. Tom la soltó de mala
gana y la observó
mientras ella iba a abrir. Era Barry Holman, con una expresión
esperanzada en el
rostro.
—Hola, ________ —la saludó en un tono amistoso—pensé que
tal vez necesitarías
ayuda para la mudanza que... —se quedó callado al ver a
Tom detrás ella.
—Ya ves que no —contestó este con una fría sonrisa—. De
hecho, va a alquilar
una habitación en la casa huéspedes de la señora Simpson
y yo he venido para ayudarla
a cargar algunas cosas, aunque sé que aprecia mucho tu
«generosidad» al dejarle
este... apartamento —añadió mirando en derredor con
disgusto.
Barry Holman tragó saliva. Conocía a Tom desde hacia
mucho tiempo, y estaba
convencido de que lo se rumoreaba era cierto: no quería a
_______ para él pero tampoco
dejaba que otros hombres se acercaran ella.
—Bien —dijo, aún sonriendo—, pues entonces vuelvo abajo,
al bufete. Tengo que
hacer unas cuantas llamadas . Me alegra haberte visto,
Tom. Hasta el lunes por la
mañana, _______.
—Gracias de todos modos, señor Holman —le dijo ella
apoyando la mentira de
Tom, pues no podía ya, ni quería, contradecirle—. No
querría que pensara que soy
una desagradecida, pero es que la señora Simpson me
ofrece pensión completa, y es un
lugar muy tranquilo. No estoy acostumbrada a la vida de
ciudad, y como la señora
Simpson tenía libre una habitación...
—Tranquila, ______, no tienes por qué darme explicaciones
—sonrió Barry—.
Hasta luego.
Tom lo miró furibundo mientras salía, y después se giró
hacia _______.
—He dicho que te prestaré el dinero para el alquiler y lo
haré —le dijo con voz
firme—. Si supone demasiado para tu orgullo, puedes
pagarme cuando mejor te
convenga.
No era orgullo lo que hacía dudar a _______, sino la
sensación de que sería muy
poco considerado aprovecharse de él. Sabía que Tom no la
dejaría permanecer allí,
porque a pesar del rencor era un hombre cariñoso, que
seguía preocupándose por ella.
Tenía un corazón demasiado grande como para darle la
espalda, a pesar de lo que
pensaba que ella le había hecho. Las lágrimas afloraron a
sus ojos verdes al recordar
lo que su padre la había obligado a decirle, y cómo lo
había herido.
—Lo siento tanto... —sollozó de pronto mordiéndose el
labio inferior y dándose la
vuelta.
Aquellas palabras, y la emoción que subyacía en ellas,
sorprendieron a Tom.
¿Acaso sería posible que, a esas alturas, ella sintiera
remordimientos? ¿O quizá
estaba fingiendo para conseguir su compasión? Ya no podía
fiarse de ella.
______ recobró la compostura, y sirvió el té frío en dos
vasos con hielo.
—Si de verdad no te molesta hacerme ese préstamo lo
aceptaré —le dijo
tendiéndole un vaso sin mirarlo a los ojos—. No es ningún
secreto que este sitio no me
gusta demasiado, y siempre será mejor vivir acompañada,
aunque sea en una casa de
huéspedes. No me gusta estar sola.
—Tampoco a mí me gusta, _______, pero es algo a lo que
acabas por
acostumbrarte —murmuró él. Sorbió un poco del té sin
apartar la mirada del rostro de
ella—. ¿Y cómo llevas lo de tener que trabajar para poder
vivir?
—Me gusta —respondió ella con una sonrisa, ignorando la
burla. Alzó los ojos
hacia los de él—. Pero antes también hacía cosas,
¿sabes?, cuando teníamos dinero.
Estaba en varios grupos de voluntariado y asociaciones de
beneficencia. Sin embargo,
a un bufete acude gente con auténticos problemas, y al
poder ayudarlos me siento
mejor, y me hace olvidar los míos.
Tom frunció el entrecejo.
—¿No me crees, verdad? —inquirió ella adivinando lo que
estaba pensando—. Tú
siempre me viste como a un miembro más de la clase alta,
una mujer atractiva con
dinero y una selecta educación... Pero, no era más que la
fachada. En realidad nunca
llegaste a conocerme de verdad.
—Pero te deseaba —replicó él con una mirada desafiante.
— Tú jamás me deseaste a mí. ¡Lo que pasó es que tú
quisiste acelerar las cosas
—exclamó ella a la defensiva, sonrojándose al recordar
aquella noche.
—¿Acelerarlas? Hasta esa noche ni siquiera te había
besado de un modo íntimo,
¡por amor de Dios! —los ojos de Tom relampaguearon de
furia al pensar en como lo
había rechazado—. Hasta esa noche te había tenido en un
pedestal, adorándote como
a una diosa, mientras estabas acostándote con ese chico
millonario!
—Nunca me acosté con Gregor Wheelor.
—No es eso lo que me dijiste —le recordó Tom con un una
sonrisa fría—. De
hecho juraste que sí lo habías hecho.
________ cerró los ojos, presa del amargo remordimiento.
—Es cierto, lo dije —asintió cansada—. Casi lo había
olvidado —añadió dándose la
vuelta.
—Agua pasada no mueve molino —dijo Tom sin apartar los
ojos del rostro
tenso de ______—. No, ya no importa. Vamos, te llevaré a
la casa de la señora Simpson
a ver si puede alquilarte la habitación.
_______ sabía que él no daría su brazo a torcer lo más
mínimo. No había olvidado,
y seguía despreciándola. Mientras tomaba su bolso, y lo
seguía hasta la puerta, sintió
como si alguien le hubiera colocado un enorme peso sobre
los hombros.
HOLA!! PRIMER CAPITULO DE LA SEGUNDA NOVELA DE ESTA SERIE ... AHORA ENTENDERAN PORQUE JUSTIN ODIABA A SHELBY ... BUENO SIN MAS QUE DECIR ME DESPIDO ... 3 O MAS Y AGREGO MAÑANA :))
Guaooo esto si que esta intenso pero me encanto y me muero x leer mas :)
ResponderEliminarMe encantooo!!
ResponderEliminarSihuelaa :)
Sigueeeee
ResponderEliminarQue cambio dio aejejeje
ResponderEliminarPero me encanto
Sube pronto
Que cambio dio aejejeje
ResponderEliminarPero me encanto
Sube pronto