martes, 12 de abril de 2016

5

Capítulo 5
_______ había albergado la esperanza de que a Tom se le hubiera pasado un
poco el enfado para la hora de la cena, pero para su decepción no fue así. Se sentó a la
cabecera de la mesa, y apenas hablaron.
Después, salió del comedor sin decir una palabra, ________ lo vio subir las
escaleras con creciente desesperación. ¡Si pudiera ir tras él, rodearlo con sus brazos
y explicarle cómo se sentía...! Pero, ¿cómo iba a hacerlo después de lo ocurrido en el
pasado?
La tristeza estaba ahogándola y decidiendo que no podía aguantarlo más se
levanto de la mesa, fue por su bolso y salió y se metió en su pequeño deportivo. Si
Tom creía que iba a pasarse el resto de la noche allí sentada sintiéndose miserable
estaba muy equivocado
Puso en el motor y salió a la carretera aumentando la velocidad poco, dejándose
envolver por esa sensación de libertad que experimentaba al volante, dejando que el
viento le desordenase salvajemente los cabellos.
Tom la odiaba, pero aquello no era nada nuevo. Hacía años que la odiaba; lo
había herido y nunca la perdonaría. Tom no sabía por qué había accedido a casarse
con él: jamás funcionaría. Había sido una idiota, y no podía culpar a nadie más de su
propia infelicidad.
Estaba tan inmersa en sus pensamientos, que no vio la señal de stop hasta que la
tuvo casi encima, y la bocina ensordecedora de un camión hizo que la sangre se le
congelara en las venas.
Un camión enorme rodaba hacia ella por la autopista. Su pequeño deportivo no
era lo suficientemente rápido como para pasar a aquel gigante en la intersección, y no
estaba segura de que el coche pudiera frenar a la velocidad a la que iba.
Aun así, con el corazón en la garganta, y la certeza de que iba a morir, pisó el
freno con todas sus fuerzas. El chirrido de los neumáticos irrumpió en el silencio de la
noche, y el vehículo se descontroló, empezando a girar sobre sí mismo como una
peonza. El pánico hizo presa de _______, que agarró el volante impotente, y el coche se
salió de la carretera, introduciéndose en la hondonada del arcén. Se inclinó hacia el
lado, como si estuviera borracho, pero increíblemente no volcó, y _______ se quedó
sentada en el asiento, aturdida pero no herida, aunque sentía el amargor de la bilis en
la garganta, y todo le daba vueltas. En ese momento se escuchó el chirrido de otro
coche frenando, y cómo su ocupante abría la puerta y corría hacia ella.
— ¡_______! —la llamó una voz angustiada, una voz familiar... y a la vez distinta de
cómo la recordaba, porque sonaba rota, áspera, y temblorosa—. ¡Contéstame, maldita
sea!, ¿estás bien?
Sintió que unas manos grandes y fuertes le desabrochaban el cinturón de
seguridad, para después recorrer su cuerpo con exquisito cuidado en busca de alguna
herida o un hueso roto.
-¿Estás bien? —volvió a preguntarle la voz. Al fin los ojos de ________ empezaron a
enfocar de nuevo, y vio que era Tom quien estaba a su lado—. ¿Te duele en algún
sitio? ¡Por amor de Dios, vida mía, contéstame!
-Estoy... estoy bien —susurró mareada—. La puerta...
—No consigo abrirla —repuso Tom—. Yo te sacaré, tranquila...
Se agachó, introdujo los brazos por debajo de las axilas de ella, y tiró hacia
arriba con cuidado, sacándola del vehículo con una facilidad sorprendente, cuando tuvo
los pies en el suelo, ________ notó que se tambaleaba ligeramente, él la tomó en brazos
con mucha delicadeza para salir del arcén. El conductor del camión había parado a unos
metros, y se acercaba a ellos, pero Tom no pareció advertirlo siquiera. Por la
expresión de su rostro cualquiera habría dicho que lo tenía todo bajo control, pero le
temblaban los brazos al dejarla en el suelo, sin llegar a soltarla.
_______, que ya estaba un poco menos mareada, lo había notado temblar y, al
alzar la vista y mirarlo a la cara, se quedó sin aliento. Estaba lívido, con una mirada de
auténtico terror en los ojos negros, y tras observarla un instante que pareció eterno,
la abrazó como si no fuera a soltarla nunca.
—Oh, Dios mío... —repetía una y otra vez.
_______ sabía que, mientras viviera, jamás podría olvidar el horror en sus ojos. Le
echó los brazos al cuello, acunándolo. Aquella reacción la tenía fascinada. Nunca lo
había visto tan agitado, era como si una pequeña grieta se hubiera abierto en su dura
armadura.
— Estoy bien, Tom —le aseguró en un susurro. Se apartó un poco para mirarlo a
los ojos, atónita por la vulnerabilidad que reflejaban. Le tocó la boca, y sus dedos se
deslizaron por las mejillas hasta el tosco cabello negro—. Amor mío, estoy bien, de
verdad.
Tomó la cabeza de Tom entre sus manos, y la atrajo hacia la suya y le plantó un
beso en los labios, feliz de que no la rechazara, aunque solo fuera porque no se lo
esperaba. Durante varios segundos, fue un beso dulce, inocente, pero pronto una llama
pareció encenderse dentro de ella, y apretó la boca con más fuerza contra la de él.
Hacía años desde la última vez que se habían besado de verdad, no como aquel beso
frío que Tom le había dado en la boda.
Al gemir _________ suavemente, Tom salió del trance en el que se encontraba, y
respondió a su beso ávidamente. Solo cuando el conductor del camión llegó junto a
ellos, despegó, de mala gana, sus labios de los de ella.
—¿Está usted bien, señorita? —preguntó jadeando por la carrera que se había
dado—. ¡Dios, por un momento creí que la había golpeado...!
—Ella está bien —respondió Tom—, pero ese deportivo del demonio no lo
estará cuando agarre mi rifle.
El conductor del camión suspiró aliviado.
—Maldita sea, menos mal que no perdió usted la cabeza, señorita —le dijo a
_______ admirado—, si no hubiera pisado el freno tan a tiempo ahora estaría muerta y a
mí tendrían que internarme en un manicomio.
— Lo siento —sollozó ella, derrumbándose por el susto que acababa de pasar—, lo
siento tanto... Ni siquiera lo vi venir...
El joven camionero sacudió la cabeza.
—No se preocupe más de eso, lo importante es que no ha pasado nada. ¿Seguro
que está bien?
________ asintió, forzando una sonrisa temblorosa.
—Gracias por parar a ver cómo estaba. Después de todo no ha sido culpa suya.
—Aun así no me habría sentido bien si le hubiera pasado algo —le contestó el
hombre—. Bueno, si está usted bien me pondré en marcha de nuevo.
—Como le ha dicho mi esposa, gracias por parar— dijo Tom tendiéndole la mano.
El hombre se la estrechó y se alejó.
Tom tomó de nuevo en brazos a _______, y la llevó a su Thunderbird,
sentándola con el mayor cuidado en su interior.
—Tom, ¿y mi coche? ¿No vas a llamar a la grúa. Mira que...?
Los ojos negros de él se clavaron en los de ella.
— ¡A la mierda con ese condenado coche! — bramó irritado.
Cerró de un golpe la portezuela de ________ y rodeó el coche para entrar también
en él. Cuando se sentó, agarró el volante con tal fuerza que los nudillos se le pusieron
blancos, y ella supo que se avecinaba tormenta. Tom estaba muy agitado, se notaba
que necesitaba descargar su furia sobre alguien, y tras haberse cerciorado de que ella
estaba bien, ________ imaginaba que estaba preparando los cañones.
—Adelante, dispara —le dijo llorosa, buscando un pañuelo de papel en la
guantera—, me merezco todas las reprimendas que puedas echarme. Iba conduciendo
muy deprisa y no me fijé en la señal de stop —sorbió por la nariz mientras seguía
rebuscando en vano—. ¿Cómo llegaste tan rápido?
Tom suspiró, y se sacó del bolsillo de la chaqueta un pañuelo inmaculado de
algodón que le tendió.
—Te seguí —le explicó concisamente—. Oí el ruido de un motor arrancando, me
asomé a la ventana y vi el coche alejándose. Temí que fueras a desahogarte corriendo
por la autopista... como has hecho, así que te seguí —giró la cabeza hacia ella
mirándola enfadado a los ojos—. Dios mío, al ver el coche girar y salirse de la
carretera sentí que estaba pagando por pecados que ni siquiera he cometido.
________ podía imaginar lo terrible que había sido para él ver cómo se descontrolaba el automóvil.
—Lo siento —musitó. Se abrazó temblorosa. Tom resopló irritado.
—Lo sientes... Es todo lo que puedes decir, ¿verdad? — le espetó—. Bien, pues ya
puedes ir despidiéndote de ese maldito deportivo. Tus días de conductora temeraria
han terminado.
— ¡No tienes derecho a mangonear en mi vida de ese modo! —le gritó _______ con
los labios temblorosos y los dientes apretados—. ¡No eres mi tutor!
— No —reconvino él con una sonrisa cruel—, es cierto, soy tu marido, el marido
de una mujer santa y virginal que deja que cualquiera, excepto yo, la toque.
Aquello fue demasiado para ________. Rompió a llorar de nuevo con amargura,
volviendo el rostro hacia la ventanilla.
—Oh, no... —gruñó Tom — , por amor de Dios, no llores, no soporto ver llorar a
una mujer.
—Pues entonces no me mires, maldita sea —le espetó ella entre sollozos.
Tom maldijo entre dientes. Se sentía como si le hubieran pegado una patada.
—Por favor, _______ deja de llorar. No pasa nada, lo importante es que no estás
herida —le dijo en un tono de voz más suave, más sosegado.
Le acarició el cabello vacilante, y de pronto, entre la maraña de recuerdos de lo
que había ocurrido minutos antes, relumbró un gesto de ella: le había acariciado el
rostro, susurrándole algo, y después lo había  besado para consolarlo. ¿Qué era lo que
le había susurrado...?
—Me llamaste «amor mío»... antes, cuando te saqué del coche —dijo en voz alta
aturdido al recordarlo. ________ dio un respingo.
—¿Eso dije? Debió ser por el golpe —murmuró sorbiendo suavemente por la nariz
y secándose los ojos—. ¿Podemos irnos a casa, Tom? Necesito beber algo fuerte que
haga que vuelva a entrarme el alma en el cuerpo.
—Y luego me... besaste —continuó él. No iba a dejar que evadiera el asunto.
________ se puso pálida de repente y después enrojeció.
—Es que estabas muy alterado y quise tranquilizarte —se excusó sin atreverse a
mirarlo a la cara.
—He estado alterado otras veces, y nunca me has besado, Tom —replicó él
mientras giraba la llave en el contacto, con los ojos entornados—. De hecho, ni siquiera
cuando salíamos juntos diste jamás el primer paso.
—Creo que me he dejado el bolso en el deportivo— murmuró ________ azorada.
Tom suspiró molesto ante aquella nueva evasiva, pero alargó el brazo bajo el
asiento de ella, y lo sacó de allí, colocándoselo en el regazo.
—Gracias —murmuró ella.
—Recuéstate en el asiento y descansa. Enseguida llegaremos a casa.
________ obedeció y cerró los ojos, mientras que Tom volvió la vista de nuevo a
la carretera, pensativo.
¿Sería posible que hubiese estado equivocado todo el tiempo? Hasta entonces
había estado muy seguro de que ella lo había rechazado porque le provocaba repulsión,
pero, ¿cómo interpretar entonces la apasionada presión de aquellos labios tan cálidos y
ansiosos sobre los suyos minutos atrás? Claro que ella había estado muy asustada en
ese momento, y el miedo producía reacciones curiosas en las personas. Pero si la había
preocupado hasta el punto de besarlo para tranquilizarlo, algo tenía que sentir por él,
se dijo confuso.
Cuando llegaron al rancho, aparcó frente a la casa y, pese a las protestas de
________, la llevó en brazos hasta la habitación de invitados, y la depositó despacio
sobre la cama, mientras sus ojos se fijaban hambrientos en el modo en que aquel
condenado vestido rojo y blanco marcaba cada curva de su cuerpo. No tenía el escote
demasiado pronunciado, pero si dejaba entrever la parte superior de sus firmes senos.
Al ver la tensión en los rasgos de él, _______ frunció el entrecejo.
—¿Qué ocurre?
—Nada —respondió Tom irguiéndose—. Date un baño y cambíate. Después te
llevaré al médico para que te examine, para asegurarnos de que no tienes lesiones
internas.
— ¡Pero si te he dicho que estoy bien! —exclamó ella.
—Tú no eres médico, _________, y yo tampoco. Has tenido un accidente y vas a ir a
que te vean. Date prisa en tomar ese baño y ponte algo que no sea demasiado... sexy
—dijo, como irritado.
_______ enarcó una ceja sorprendida y abrió la boca para decir algo, pero Tom
ya había salido de la habitación, cerrando la puerta tras de sí.
Tom resopló frustrada. ¿Por qué no tenía nunca en cuenta su opinión?, ¿por
qué tenía que ser siempre él quien tomase las decisiones? Sentía deseos de agarrar
algo y estrellarlo contra el suelo. Rompió a llorar, rabiosa, pero a pesar de todo se fue
al cuarto de baño.
Cuando salió de la bañera, algo más calmada, se seco el pelo, y se puso una blusa
blanca, una falda gris, un pañuelo gris y rojo en el cuello para darle un poco de color
al conjunto. Mientras se vestía, le estaba dando pilas a las últimas palabras de Tom.
No entendía por le había dicho aquello de que no se pusiera algo demasiado sexy. Era
absurdo, si ella casi nunca se ponía nada que... A menos que... ¿Podía ser que le hubiera
parecido sexy el vestido rojo y blanco que llevaba puesto antes? Una sonrisa tonta se
dibujó en su rostro. Era la primera vez, desde que se habían casado, que admitía
sentirse atraído por ella.
Aquel beso había sido maravilloso, y los labios aún le cosquilleaban por el
contacto con los de él. Y entonces, de pronto, ________ cayó en por qué había sido tan
maravilloso... ¡Porque había sido ella quien había llevado las riendas! Frunció el
entrecejo pensativa. ¿Y si...?
Pero sus cavilaciones se vieron interrumpidas por unos golpes en la puerta.
Cuando abrió se encontró a Tom esperándola impaciente.
—¿No estás lista aún?
—Iba a bajar ahora mismo.
—Bien, pues vayámonos.
En el pabellón de Urgencias del hospital los atendió el doctor Hays, un médico
joven muy agradable, que parecía encontrar divertida la preocupación y la irritación de
Tom.
—Tendrá dolores musculares durante un par de días, señora Kaulitz —le dijo
tras reconocerla—. Solo una cosa más... ¿No está embarazada, verdad? — le preguntó.
Le pareció curioso que ella se ruborizara y Tom mirara hacia otro lado—. Quiero
decir, el accidente podría haber dañado al...
—No estoy embarazada —lo interrumpió ________ azorada.
—Ah, bien, en ese caso no hay de qué preocuparse. Le daré un relajante muscular
por si lo necesitara para descansar bien esta noche. Y también puede tomar un
analgésico si tuviera dolores. Y por supuesto si necesitan algo no duden en ponerse en
contacto conmigo.
_______ y Tom le estrecharon la mano y le dieron las gracias antes de que el
médico los acompañara hasta la recepción para pagar la factura y que les entregaran
los medicamentos.
Tom estuvo muy callado durante todo el camino a casa, y ________ sabía por qué:
había sido aquella pregunta del médico sobre si estaba embarazada. Eso debía haberle
recordado la situación antinatural de su convivencia, y reavivado su frustración.
—Teníamos que haberle dicho que, si estuvieras embarazada, el Papa lo habría
anunciado como un milagro —masculló mientras aparcaban y apagaba el motor.
_______ optó por ignorar sus puyas. Se notaba demasiado cansada y dolorida como
para contestar.
—¿Qué ha pasado con mi coche? —le preguntó—. Hemos pasado el cruce y ya no
estaba allí. ¿Llamaste a la grúa para que lo llevaran al taller?
Tom la miró un instante, pero volvió a apartar la mirada.
—No quieres hablar de ello, ¿no es cierto, _______?
—Soy frígida —murmuró ella hastiada—, tú lo dijiste. Dejémoslo así... a menos
que quieras el divorcio, claro está.
—Lo que quiero es una esposa de verdad, maldita sea —le espetó él con dureza—.
Y niños, quiero niños, _______ —añadió, en un tono que denotaba una cierta
vulnerabilidad.
Ella echó la cabeza hacia atrás en el asiento, y se mordió el labio inferior.
—Probablemente no lo creerás, pero yo también quiero tenerlos, Tom.
El se giró en el asiento para mirarla.
—¿Y cómo piensas hacerlo sin ayuda?
________ aferró el bolso entre sus manos.
— Es que... me da miedo... —confesó en un hilo de voz.. Estaba demasiado cansada
hasta para mentir, para buscar excusas.
Hubo una larga pausa.
— Bueno, tengo entendido que dar a luz no es tan terrible como solía ser en el
pasado —dijo Tom—. Y hay medicamentos que pueden aliviar los dolores.
_______ se quedó de piedra. ¡Lo había entendido totalmente al revés! ¡Creía que
tenía miedo al parto! Se quedó mirándolo sin saber cómo explicarle su error.
—Y tampoco tenemos por qué tenerlos ya... — insistió Tom.
Había vuelto la cabeza hacia la ventanilla como si para él también fuera
embarazoso hablar del tema. La verdad era que siempre le había costado tratar con
los demás de temas íntimos. Sí, se dijo _______, en cierta forma eran muy parecidos.
— Podrías pedirle a tu médico que te recetara «algo» para no quedarte
embarazada, o yo podría usar «algo» cuando... No voy a obligarte a tener hijos contra
tu voluntad.
________ se puso roja como la grana al comprender que le estaba diciendo que no
tenían qué tener hijos aún, pero sí podían hacer «eso».
—Yo... —dijo carraspeando—. ¿Podemos entrar en la casa?, estoy cansada y me
duele todo.
—_______, a mí también me cuesta hablar de esto —murmuró él—, pero quería que
lo supieras, me gustaría que lo pensaras, porque si es por eso por lo que no quieres que
te toque...
—Tom, por favor... —gimió ella, escondiendo el rostro entre las manos.
Él exhaló un profundo suspiro.
—Lo siento, no sé para qué he lo he dicho —murmuró con amargura.
Salieron del coche, y caminaron en silencio hasta la casa, cada uno sumido en sus
pensamientos.
— Ve subiendo a acostarte —le dijo Tom —. ¿Quieres que te lleve algo de
comer?
—No, gracias —respondió ella.
Se detuvo al pie de la escalera, y pasó la mano ensimismada por la barandilla,
como si no quisiera subir aún. Alzó los ojos y miró a Tom con una mezcla de anhelo
desesperado y vergüenza.
—No debería haberme casado contigo —murmuró con voz ronca—. No quería
hacerte infeliz.
La mandíbula de Tom se tensó.
—Yo tampoco pretendía hacerte infeliz, pero es lo que he hecho.
________ se quedó dudando un instante, sin saber si debía preguntarle aquello en
ese momento.
—No me has dicho qué ha pasado con mi coche. Vas a devolvérmelo, ¿verdad?
—Si eso es lo que quieres... —contestó él alzando la barbilla y frunciendo los
labios—, siempre podemos convertirlo en una pieza de arte moderno.
_______ frunció el entrecejo sin comprender.
—¿Qué quieres decir?
—Ahora debe medir unos doce centímetros de ancho y un metro y medio de
largo. Supongo que si le ponemos un marco quedaría muy bien en la pared.
—¿De qué estás hablando? —exclamó ________ enfadada—. ¿Qué has hecho con
él?
—Llamé al viejo Doyle para que se lo llevara.
_______ se quedó paralizada.
—Pero Doyle... tiene una chatarrería —murmuró.
—Exacto —asintió él con una breve sonrisa—, y tiene una máquina nueva, que
deja los coches como si fueran papel de fumar.
—¡Lo has hecho a propósito! —exclamó ________.
Rojo de ira.
—Sí, maldita sea —replicó Tom con un brillo jubilante en los ojos—, si lo
hubiera devuelto al concecionario no habría podido estar seguro de que no volverías a
comprarlo. De este modo, me he asegurado de que no volverías a por él.
— ¡Ni siquiera había acabado de pagarlo!
Tom sonrió burlón.
—Estoy seguro de que se te ocurrirá algún modo de explicárselo a la compañía de
seguros. No sé, ¿la presión atmosférica?, ¿las termitas...?
Al principio _______ había pensado pasar sin el relajante muscular, pero cuando
subió a su habitación para acostarse, furiosa todavía con Tom por lo que había
hecho, tenía todo el cuerpo en tensión, así que se tomó el comprimido con un poco de
agua, se puso su pijama de satén, y se metió bajo las sábanas.
Minutos más tarde se había quedado dormida, pero entonces comenzó a soñar:
iba conduciendo a toda velocidad por los Alpes, tomando con destreza cada curva,
cuando de pronto la carretera se cubría de hielo, el coche patinaba, y ella perdía por
completo el control sobre el vehículo. El coche rodaba y rodaba, precipitándose montaña abajo... El freno se había atascado y no podía hacer nada, excepto esperar el
impacto y gritar...
Unas manos fuertes la sacudieron con delicadeza, levantándola de la almohada.
—Shhh... tranquila —le dijo una voz masculina —tranquila.. Estabas soñando.
______ se despertó por completo, como si alguien hubiera accionado un
interruptor en su cerebro. Tom la sostenía por los hombros, y la observaba
preocupado.
—El coche... —murmuró _______—. Estaba rodando montaña abajo...
—Estabas soñando, cariño —le dijo Tom apartándole los desordenados cabellos
de las ardientes mejillas y los hombros—. Era un sueño nada más. Estás a salvo.
—Siempre lo he estado a tu lado —respondió ella involuntariamente, apoyando la
cabeza en su hombro. Exhaló un profundo suspiro, sintiéndose ya relajada y segura. Sin
embargo, al mover la cabeza para acomodarse mejor, notó que su mejilla rozaba no la
tela de una camisa de pijama, sino piel.
La luz estaba encendida y Tom se había sentado a su lado en la cama con el
cabello revuelto. ________ contuvo el aliento mientras se apartaba despacio, turbada,
pero volvió a respirar con normalidad cuando vio que al menos llevaba puesto un
pantalón de pijama. Aun así, la visión del musculoso torso desnudo, y del vello rizado
extendiéndose por él, hasta desparecer bajo el elástico del pantalón, resultaba
espectacular. Además, le daba la impresión de que no llevaba nada debajo, y la sola
idea la hizo sentirse amenazada.
Flexionó las piernas y se abrazó las rodillas, apoyando la frente contra ellas.
—Supongo que lo que ha ocurrido hoy ha hecho que vuelva a mi memoria el
accidente que tuve en Suiza —murmuró—. La verdad es que de aquello recuerdo más
bien poco. Me dijeron que tuve una conmoción cerebral y que te llamaba todo el
tiempo, noche y día... —dijo sin pensar.
—¿A mí y no a tu amante?
—Yo nunca tuve un amante, Tom —replicó ella. ¿Cuántas veces más tendría que
negar esa acusación?
— Y yo soy cura.
Tom se levantó y la miró enfadado. Estaba preciosa con aquel pijama de satén,
y estaba seguro de que no podría dejar de pensar en ella en toda la noche.
La camisa era bastante escotada, y le había permitido fijarse un instante a aquel
tentador balcón de sus senos. Parecían pequeños, pero perfectamente formados a
juzgar por el contorno que formaban bajo la tela. Se esforzó a apartar la vista, porque
estaba empezando a sentir un deseo irrefrenable de destaparlos.
—Bueno, será mejor que vuelva a la cama e intente dormir un poco. Mañana tengo
una cita en el banco a primera hora.
_______ lo vio dirigirse hacia la puerta con profunda tristeza. El abismo entre
ellos se iba haciendo cada vez mayor, y cada día que pasaba lo hacía más infeliz.
—Gracias por venir a ver si estaba bien —musitó. Tom se detuvo frente a la
puerta con la mano en el picaporte, y le dijo sin volverse:
—Sé que preferirías morir antes de hacerlo, pero si vuelves a tener otra
pesadilla, puedes venirte a mi dormitorio —dejó escapar una risa sin alegría—. Y no
tienes que temer nada, no volveré a arriesgarme a que destroces mi orgullo: el gato
escaldado huye del agua.
Y se marchó, antes de que ella pudiera contestarle. _______ contrajo el rostro
dolida por sus palabras. ¿Por qué no podía solucionar aquello de una vez? ¡Tenía que
decírselo! «¡Por amor de Dios, _______!, ¡actúa como una persona madura!, tienes
veintisiete años...» Decidida, se levantó de la cama, encendió la luz y se dirigió hacia la
puerta. Había llegado el momento, Tom tenía que saber la verdad.



HOLA!!! AQUI ESTA OTRO MAS ... 3 O MAS Y AGREGO MAÑANA ... HASTA PRONTO :))

7 comentarios:

  1. :O ojala (Tn) pueda decirle la verdad a Tom, el merece saber toda la verdad, y ojala se reconcilien vale :( me encanto espero el próximo cap..

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  2. DIOS MIO POR QUE LA DEJAS ASI?! YO QUIERO SABER!!! 😭😭😭

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  3. Sii que se lo diga de una vez!

    Siguelaaa :)

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  4. PERDONNNNNNN, he estado tan liada que no he podido ni comentar ni leer, no volverá a pasar jajajajajaja
    Sigueeee

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